3.12.04

La infalibilidad de la RAE.

Pocas herramientas existen en Internet tan útiles para el castellanohablante como el diccionario de la Real Academia Española de la Lengua. Desde las pequeñas preguntas sobre frases hechas hasta aclaraciones de grandes palabras que nos impiden entender un texto especialmente complejo, pueden ser resueltas con una rápida consulta. Desde aquí animo a que se haga uso extensivo e intensivo de ella.

Pero siempre se ha de entender como una obra humana y, como tal, falible. Y tiene sus fallos. Más de una vez me las he visto con gente que pretende hacer del DRAE ley, y de todo lo que quede fuera de él proscrito y erróneo, como si hubiese sido revelado por los mismos dioses del español. Gracias a un interés que tenía desde niño y al par de trabajos que he tenido que hacer en la facultad sobre el tema que expongo a continuación, encontré este buen error de la RAE.

Según la RAE:
bucanero
(Del fr. boucanier).
1. m. Pirata que en los siglos XVII y XVIII se entregaba al saqueo de las posesiones españolas de ultramar.

filibustero.
(Del fr. flibustier).
1. m. Pirata, que por el siglo XVII formó parte de los grupos que infestaron el mar de las Antillas.

Lo cierto es que los términos son casi exactos... siempre que se intercambien.

La palabra bucanero viene de boucan, palabra indígena sobre la que no hay consenso respecto a su origen (se dicute entre origen karib o arawak) . Según Exquemeling se trata de la forma de preparar la carne que los indios del Caribe usaban. Ésta era asada y ahumada en un fuego hecho con madera verde y pieles y huesos de jabalí cimarrón, al invento se le llamaba barbacoa. Los bucaneros se ganaban la vida cazando el ganado salvaje abandonado en las islas de las Antillas, preparándolo según este sistema y vendiéndoselo como vituallas a los piratas. Su aparición se puede fechar en 1623 en la isla de La Española. Con el paso del tiempo se fueron convirtiendo en filibusteros, de forma que habían desaparecido para el último cuarto del siglo XVII. Es decir: Eran piratas solo incidentalmente y de bajo calado y su marco temporal se restringe al siglo XVI.

Al termino filibustero se le supone origen holandés (vrij boutier, del que derivaria el flibustier al que alude la Academia) o inglés (flyboat). En un principio fueron piratas indiscriminados que asaltaban cualquier buque sin considerar la bandera que portase (los españoles solían ser mas preciados, pero por el hecho de que portaban mejor carga). Sus inicios se pueden datar en torno a 1630 y su final hacia 1722 fecha en la que el capitán George Lowther fue puesto en fuga por un navío inglés mientras carenaba y cuando Bartholomew Roberts murió ahorcado. Sus focos eran las islas de Tortuga y Jamaica y sus acciones se extendían a todo el caribe, costa
este de Sudamérica y sudeste de Norte América. Resumiendo: No infestaban solo las antillas (cosa que sí hacían los bucaneros) y se les encuentra tanto en el siglo XVI como en el XVII.

Es obligado aclarar que los términos pirata, corsario, bucanero y filibustero no son mas que categorías artificiales en las que intentamos enmarcar a unos tipos malcarados, borrachos y viciosos que no daban un ardite por nada y ya se las verían con Dios o con el Demonio, que para algunos es lo mismo. El que hace cinco minutos era corsario al servicio de su majestad podía filibustear un poco para no perder una buena presa o unirse por un tiempo a los bucaneros como forma de asentar un poco su vida. Así, si nos ponemos a categorizar encontramos: semicorsarios, corsarios semipiratas, bucaneros semifilibusteros y así ad nauseam

Con esto no pretendo restar meritos al DRAE. Simplemente intento avisar de que no todo lo que pueda contener es estrictamente correcto. Es una gran herramienta, sin lugar a dudas, pero no por eso, ni por su renombre, debe quedar fuera de nuestro pensamiento crítico.

Por otra parte malaprensa nos informa de que nuestros académicos andan un poco perdidos a la hora de hacer gráficos.

Para escribir este texto me he basado, entre otros, en: M. LUCENA: Piratas, bucaneros, filibusteros y corsarios en América, Madrid, Ed. Mapfre, 1992.