12.12.04

Los misterios de las pirámides.

La egiptomanía, gracias a su tratamiento misterioso y hermético, ha dado lugar a las más descabelladas leyendas y maguferíos a lo largo de la Historia. Curiosamente, pocas veces se puede llegar a leer explicaciones, fuera de la literatura profesional, sobre religión egipcia que nos muestren que se trataba de un corpus lógico (dentro de sus propios presupuestos, claro) que no necesita de atlantes ni pirámides nucleares para resultar unitario, neto y bello.

La gran pregunta: ¿Por qué las pirámides tienen forma de pirámide? ¿Diseño sugerido por extraterrestres? ¿Forma ideal para hacer acumuladores de energía capaces de afilar cuchillos y Tizonas? ¿Parte de un plan de atlantes aburridos para urbanizar la tierra?

La realidad resulta más simple que muchas de las explicaciones que nos quieren endilgar, pero no menos fascinante. Las pirámides son como son por dos razones: primera, que una pirámide es la forma arquitectónica más simple que existe después del cono y segunda, porque tiene un papel importante dentro de la mitología y concepción del mundo que tenían los egipcios. La forma de su construcción es tal porque representa nada más y nada menos que la colina primigenia. Me explico: Los egipcios basaban su vida en el río Nilo. Era fuente de vida y la única razón de existencia de la antigua civilización. Estudiándolo, pudieron observar que cuando las aguas se retiraban quedaban grandes montículos de sedimentos aluviales que, además de ser la tierra en la que se sembraba, garantizando gran cosecha, podían verse salir de ellos todo tipo de pequeños animales como ranas o serpientes. Estas colinas de limo que parecían generar vida fueron integradas dentro de la mitología, dándoseles el papel en sus cosmogonías de principio de la vida. En ellas, el primer dios (ya fuese Osiris o Thot) surgía de la colina primigenia situada dentro del mar y engendraba la primera estirpe de vida masturbándose, escupiendo o generando ranas. Esta explicación de la forma pirámides se ve probada con el hecho de que el conjunto funerario estaba rodeado de un murete levantado con ladrillos contrapeados en zigzag, que simbolizaban el mar que rodeaba a la colina primigenia. Este concepto lo vemos en multitud de obras egipcias, como los templos fluviales construidos en el río para que fuesen cubiertos por el limo durante la inundación. La pirámide y la forma en talud son comunes en la cultura egipcia ya que representan eso, el lugar de donde nació el mundo.

Las momias tienen también un origen mucho más pedestre que el que se nos intenta vender, además nos sirven para ver que los ritos funerarios egipcios, a pesar de ser muy complejos, poseían siempre una razón. El cuerpo se embalsama como sustento terrenal para uno de los espíritus del difunto: el Ka. El ka es el espíritu que todo posee (animado o inanimado) y que se queda en la tierra de los vivos tras su muerte. Tiene necesidades, igual que en vida. Para comer se le ofrendan viandas de las cuales el difunto solo come el ka, el resto se echa a perder. Como a la larga alimentar al abuelo salía caro se “descubrió” que las meras representaciones eran capaces de tener ka, de forma que con pintar un campo de siembra y unos cuantos sirvientes o tallar una charca con patos y algunos cazadores, la comida quedaba asegurada. Esto dio lugar a otro problema, si las pinturas generaban un ka que podía relacionarse con el del difunto ¿Quién querría que le pintasen en su morada eterna escorpiones, leones o cocodrilos? La solución a tan incomoda situación se halló en representarlos ya heridos o sin aguijones o dientes, quitándoles gran parte de su peligro. También permitía pequeños trucos muy útiles para el encerrado por una eternidad, como poder vigilar a los deudos a través de ojos pintados o grabados en la pared, los llamados udja.

La costumbre de la momificación se supone, cosa apoyada por la arqueología, que se debe a la observación de momificaciones naturales. Los primeros enterramientos se hacían en la arena del desierto a poca profundidad. Los cambios de temperatura extremos, ayudados por la arena, propiciarían una rápida desecación del cadáver que quedaría momificado. El descubrimiento de este hecho conduciría a los egipcios a pensar que algo de nosotros queda en este mundo, iniciando la creación del rito mitológico del Ka. Cuando comienzan a crearse grandes tumbas para alojar todo aquello que el difunto quisiese llevarse al otro mundo, el cadáver, sin contacto con la arena, se descompone de forma normal, lo que impulsaría a investigar sobre técnicas de embalsamamiento.

Muchísimo más para hablar hay sobre el tema, pero, de momento nos quedaremos aquí. Como se ve, las distintas creencias egipcias tenían una razón de ser y una lógica interna propia, lo que nos permite saber, hasta cierto punto, como funcionaban sus estructuras mentales. Bien pensadas parecen mucho mas razonables que las cosas que se pueden leer por ahí sobre el tema.

Ahora bien, ¿Por qué necesita la gente inventarse fantásticas historietas de extraterrestres, atlantes y extrañas energías? Para intentar explicarlo no, desde luego. Quizás necesitan saciar su ansia de misterio, necesitan dar rienda suelta a su imaginación y teorizar sobre bases inventadas para dar algún sentido maravilloso a lo que ven. Parece que es así, pero nunca lo entenderé. Mucho mas interesante considero pasar una tarde con un buen libro de egiptología o visitando un museo arqueológico, que andar sometiendo nuestra razón a estrambóticas teorías que nos niegan un verdadero conocimiento sobre la Historia.

Cada día estoy mas convencido de la veracidad de lo que decía Edward Abbey:

«Belief in the supernatural reflects a failure of the imagination»