14.12.04

Momias, mitos y "medicina alternativa".

En la última entrada comencé a hablar un poco sobre momias y pseudociencias y paranormaleces. Es un tema con mucha chicha (no pun intended) De hecho es un tema tan machacón e inconsistente que tiene varios siglos de antigüedad. Y es que cuando a algo se le quiere ver misterio, le ponemos todo el que haga falta.

El que una cultura de gran sabiduría misteriosa y oculta otorgase ese trato tan peculiar a sus muertos debía esconder algo. Y este algo, hasta que se puso de moda que las momias andasen aterrorizando al personal, fueron sus asombrosas propiedades curativas. Hasta el siglo XIX corrió una leyenda ampliamente difundida de que, hacia el siglo XIV, un famoso médico judío utilizaba polvo de momia para curar las heridas de guerra tanto a los árabes como a los cruzados (lo cual nos permitiría enlazarlo con los templarios y teorizar sobre un montón más de chorradas de las que nos proponíamos) Este mito es fácilmente rastreable hoy en día. No hay más que leer a Shakespeare, quien se hace eco de la panacea del polvo de momia en su famosa obra Otello.

La asociación entre la conservación de los cuerpos y las propiedades medicinales aparecían implícitas en su propio nombre. El físico (de medicina, no de física) árabe Abd el-Latif, allá por el siglo XII, relaciona directamente las momias con el persa "mumia" que significa bitumen (betún), que en el mundo árabe siempre tuvo fama de tener propiedades antisépticas. Las cruzadas y las fronteras cristianas con el mundo musulmán en las penínsulas Ibérica e Itálica permitieron la entrada de la cultura y ciencia árabe en Europa y, junto a las traducciones de Aristóteles y los avances médicos de Avicena, llegaron las maravillas de oriente y los misterios de las momias. La leyenda de sus capacidades sanadoras se extendió rápidamente de forma que Europa entró bien pronto a formar parte del mercado internacional de momias que propiciaría saqueos indiscriminados hasta el siglo XIX. Para añadir más credibilidad al mito, la mayoría de las momias extraídas eran, por su mayor disponibilidad y número, del nuevo imperio cuando ya se había democratizado el culto funerario en Egipto. Éstas eran de peor calidad que las del imperio antiguo, reservadas a faraones, por lo que la piel del difunto adquiría una tonalidad oscura. Este efecto sirvió para dar apoyo a sus capacidades medicinales, al explicar que se debía al baño dado al cadáver con betún. El aumento de la demanda hizo que la oferta tuviese que crecer, por lo que, cuando las momias no eran suficientes se procedía, claro está, a la falsificación de estas. Una lástima que no conociesen las maravillas de la homeopatía; con una sola momia habrían tenido para siglos. Hacia mediados del sigo XVI el médico Navarro Guy de la Fontaine se sorprendía del volumen que alcanzaba el mercado de momias falsas. Éstas eran conseguidas bañando cadáveres en natrón, siendo después secadas y vendadas. El resultado era tan aparente que hasta que no se comenzó a realizar pruebas de rayos x a las momias muchos museos fueron engañados por estas momias falsas. Tampoco parece que sus poderes curativos se redujesen con el embuste.

Las propiedades de tan magnifica panacea eran, entre otras, la curación de úlceras, huesos rotos, epilepsia y dolor de muelas según el “Hydriothapia, or Urn Burial” de Thomas Browne (1658). Si bien no era una mala lista, es de agradecer que la paramedicina avance y nos traiga mucha mas tranquilidad con los avances digitales. El polvo de mumia no faltó nunca en ninguna botica real. Francisco I de Francia supo curarse en salud y siempre llevaba encima un saquito con picadura de momia. Igual de agradecido debía estar a la sabiduría egipcia como la reina de Inglaterra al príncipe de Persia, que en 1809 tuvo a bien regalarle la preciada medicina.

Sin embargo no todo son alegrías en esta historia. La insidia no conoce de épocas y siempre existió quien dudase de las propiedades curativas de la momia como Ambrosie Paré, cirujano francés, que sostenía que las propiedades mágicas del polvo de momia se quedaban en dolor de estomago y náuseas.

Evidentemente se trata de un método milenarísimo y avalado por la sabiduría egipcia, por lo que me pregunto a que esperan nuestros queridos políticos para empezar a rascar momias para que sus propiedades curativas lleguen a todos los españoles por medio de la Seguridad Social. Por suerte, en momentos en los que la ingesta de pedazos de muerto milenario por medio de disolución en líquido se consideraba sanativa su falsedad no hacia demasiado daño. Era eso o una sangría. Hoy en día ese tipo de creencias podrían, y de hecho lo hacen, negar una atención médica que puede ser la diferencia entre la vida y la muerte.

Sin embargo las momias siguen creando o ayudando a crear mitos, como las terribles maldiciones de los faraones(las cuales, por sanidad mental dejaré para otra ocasión), o la intervención de atlantes, extraterrestres u otros seres maravillosos en la historia humana. Igual que las similitudes piramidales entre culturas distantes sirven a algunos para teorizar sobre seres maravillosos que viajaban de un continente a otro repartiendo planos de pirámides (será que la humanidad nunca ha sido lo suficientemente avanzada para imaginarlas) , las momias de diferentes culturas son usadas para este probar esta misma bobada. Pues lo sentimos mucho, pero los análisis hechos a momias demuestran que las técnicas de embalsamamiento egipcias poco tienen que ver con las peruanas o guanches. Las únicas momias encontradas similares a las egipcias son las encontradas en la Via Appia en Roma. Y ¿Saben qué?: Tienen una explicación que no implica a ningún ser suprahumano, solo a unos cuantos sacerdotes de Isis que ejercían su ministerio en la urbe imperial.

Cosas de la Historia.