2.12.04

Más sobre los paralelismos

En el post anterior mencioné lo subjetivo del paralelismo histórico y cómo gustan los políticos de colárnoslo para dar apoyo emocional e intelectual a sus medidas, puntos de vista, et cetera. Hoy vengo con un ejemplo explicativo.

Todos recordaremos cómo, en la fase de reenganche internacional para la última guerra de Irak, se nos advirtió de los horrores que podía acarrear el actuar como las potencias europeas en Munich en 1938.

Para apoyar su afán bélico, amenazaban con el fantasma de una guerra mundial que podría reproducirse si no actuábamos veloz y contundentemente. Ésto lo hacían sin explicarnos las supuestas similitudes entre la Alemania nacionalsocialista de la segunda mitad de los años treinta que contaba con una tecnología puntera y un emporio industrial enorme, con el Irak de 2002 que arrastraba unos 10 años de embargo económico a sus espaldas y una situación política interior solo sostenible a través de las medidas más draconianas. Tampoco nos explicaban las , de nuevo supuestas, similitudes entre un ambiente internacional aún traumatizado por las heridas de la Gran Guerra con otro de batir de sables tras el peor atentado terrorista de la historia. Diferencias e inexactitudes como estas las podríamos encontrar a miles con solo pensarlo un poco.

Lo malo es que uno no tiene tiempo ni espacio para cantarle las cuarenta a quien nos suelta píldoras manipuladas e interesadas de historia. Y la mayoría de las veces rebatirles es tan extenso que para cuando acabas ya se te han escapado a otros temas o se agarran como un mono a un joystick a cualquier inexactitud que hayas cometido

Hay otro método más divertido y funcional; y esque al paralelismo histórico pueden jugar dos.

Mientras veía una comparecencia de no sé cual político que soltó el paralelismo en cuestión me puse a pensar. El caso es que yo conocía una situación en la historia muy parecida al tema en cuestión: Empieza con un atentado terrorista que conmociona al mundo. A partir de éste, el poderoso país afectado, llamémoslo A, adivina complicidades entre el grupo terrorista y su débil vecino, B. Movido por un interés anterior de atacar a B, A presenta un ultimátum pidiendo competencias policiales y jurídicas dentro del otro país, apelando a la autoridad de un ente supranacional, para poder castigar a los terroristas. Mientras, comienza a moverse en el tablero internacional y a acercarse a sus aliados para que le ayuden en el futuro conflicto. B, ante la amenaza de guerra, cede en varios de los puntos exigidos pero le resulta imposible hacerlo en todos. El resultado será la activación de las alianzas creadas, la movilización militar de media Europa y al fin la guerra más traumática de la historia de la humanidad.

Reconozco que mi paralelismo tiene grandes fallos, para alivio de todos. Para construirlo, he obviado hechos de gran importancia que no apoyaban mi supuesta tesis, a saber: El ambiente internacional llevaba años enrareciéndose con las crisis marroquíes y balcánicas lo que dio lugar a la creación de rígidas alianzas enfrentadas; Austria era poderosa pero no hasta el punto que hoy lo es EEUU; Servia sí era una amenaza local que desde 1912 estaba en expansión territorial a costa de Turquía y Bulgaria; La ONU no es el Imperio Austro-Húngaro y los Inspectores no son la Policía Imperial; otros muchos más que me dejo en el tintero. Una vez explicado porqué las situaciones no son similares queda muy claro y nadie se lo tragaría, pero si lo dejo como el primer párrafo, sin ahondar en la cuestión, queda muy aparente y ominoso. A pesar de sus inexactitudes resulta muy útil, pues mi interés no es demostrar que la situación de 2002 podía haber conducido a la 3ª GM si se continuaba presionando, sino evidenciar que los paralelismos históricos no justifican nada, ya que son a gusto del consumidor y se basan en seleccionar los hechos que nos interesan y desestimar los que no apoyan nuestra versión. Son una de las peores formas de devolver a la Historia al yugo de la política, del que se supone se liberó en el siglo XIX.