7.12.04

Propaganda de la buena.

En ciertos momentos la propaganda llega a situaciones ciertamente fascinantes. Y no me refiero al volumen de ventas de ciertas marcas de agua carbonatada, ni a lo bien que corren deteminadas zapatillas, sino a una propaganda bien hecha, con una garantía de éxito milenaria.

Y no, tampoco me refiero a la iglesia ni a la religión, la cual pese a su innegable éxito siempre ha tenido sus detractores. Me refiero al Atonocentrismo. Veamos: ¿Quién no ha oído decir que la mujer griega era socialmente relegada al último plano y vivía encerrada en su gineceo? Pues en puridad tal aseveración es falsa. La mujer ateniense era socialmente relegada al último plano y vivía encerrada en su gineceo, pero de las demás poleis se carecen de datos. De momento, las escasas fuentes que existen podrían incluso apuntar a que Atenas era uno de los peores lugares para las mujeres. Sabemos que en Epiro la mujer podía administrar y legar bienes propios; en Esparta participaban en los juegos públicos llegando a ser conocidas como “Phainomeris”, las que enseñan los muslos; en Lesbos, a través de lo legado por la escuela de Safó, creemos que los hombres no llegaban a tener importancia, dando la sensación de un mundo exclusivo de mujeres.

Este error se debe a que, aún hoy, la propaganda Ateniense sigue haciendo efecto. La superioridad cultural y en menor medida la política hicieron que el único discurso conservado y repetido fuese el Ateniense, mediatizando así gran parte de nuestra historia clásica. Ésto es así hasta el punto de que la segunda polis que más conocemos, Esparta, lo sea a partir de las fuentes atenienses. Lo mucho que sabemos sobre la forma de gobierno, educación y forma de vida, se debe en gran parte a los escritos “laconófilos” (amigos de lo lacedemonio) que mostraban su disentimiento con el modelo ateniense alabando el espartano. Lo que sabemos de lacedemonia no es más que el referencial arquetípico que de esparta se tenia en Atenas. De hecho, este recuso a la alteridad será el que nos provea de información de civilizaciones alejadas del centro cultural central(persas, egipcios, germanos, íberos, etc.) tanto en el periodo griego como en el romano.

De la producción propagandística ateniense hay una creación que se ha mantenido incólume hasta llegar al punto de que, hoy por hoy, es sostenida por algún prestigioso clasicista. Esta es la idea de que Grecia, y en mayor medida que nadie Atenas, salvó al mundo occidental, democrático y libre, del despotismo oriental en las guerras médicas (492-449 a. C.) En su momento no fue más que una maniobra ideológica ateniense para convertirse en líder espiritual de la Hélade, respondiendo a un repunte nacionalista de la gran polis. De Maratón (490 a. C.) hicieron una victoria gloriosa, en la que quienes combatieron se convirtieron en héroes; un despliegue de la fuerza de la población e instituciones de Atenas. Esquilo, el gran poeta trágico ganador de los concursos dramáticos, pidió que en su lapida se señalase solamente que había combatido en esa batalla. Para los persas la percepción debió ser netamente distinta. La flota de Datis, almirante persa, no actuaba en el Egeo más que como una avanzada de exploración y Maratón no pasó de una pequeña escaramuza fallida dentro de una larga expedición, por lo demás llena de éxito. Con ella se había conseguido aislar Jonia reforzando los límites del imperio. Volvió a Susa victorioso.

Para la victoria de la guerra, a partir de Maratón, la actuación de Atenas fue crucial. Sin sus naves no se habría ganado en Salamina, batalla que significó un golpe crucial a la invasión persa. El prestigio de Atenas quedó engrandecido y se inició el proceso de exaltación de la victoria que, como siempre ha sido, se consigue aumentando la amenaza del vencido. El teatro, la escultura y demás artes ayudaron a construir una historia en la que un puñado de hombres libres se enfrentaba a las hordas de siervos del emperador.

Hoy aún se repite que sin las victorias griegas occidente jamás habría existido. La falsedad de este aserto se basa en que se trata de identificar El Imperio Aqueménida con un imaginario de oriente despótico que ciertamente no se aplica. Los conocimientos sobre Persia que existen en la actualidad son escasos, pero se sabe a ciencia cierta que la implantación administrativa no resultaba violenta ni despótica. La dominación no solía realizase por la violencia represiva y la tolerancia religiosa e incluso institucional estaban aseguradas siempre que los impuestos quedasen satisfechos. Las ciudades jonias, por ejemplo, una vez liberadas del dominio persa no muestran ningún cambio violento en su forma de vida. Además de que parte de Grecia se decantó desde un primer momento por el lado persa, como hicieron tebanos y tesalios.

¿Y si hubiese ganado Persia? Para mí la historia ficción siempre tendrá más de ficción que de otra cosa, pero la temprana crisis que afectó al gran imperio habría terminado por dar ocasiones suficientes a las poleis para liberarse sin problemas.

No es casualidad que Alejandro Magno, cuando planificaba su conquista de Asia, utilizase como argumento para ganarse el apoyo de los griegos (que nunca estuvieron muy entusiasmados con el) el de hacer una guerra de represalias contra aquellos que casi acaban con la Hélade.

Por lo demás, también habría que hablar de lo mucho de oriental que poseía la cultura griega, tema sobre el que revolotea un virulento debate, y que con tiempo, ya discutiremos en otro momento.