9.12.04

Un debate milenario

Soy el primero que, cuando da una mirada a su alrededor y ve el estado actual del mundo y los múltiples embates de lo irracional, cree vivir en una lucha perdida. El fundamentalismo religioso crece por todos lados alimentándose de la radicalización de posturas; las paramedicinas, apelando a evidencias anecdóticas, consiguen suplantar el terreno de la medicina tradicional; la gente ceba su natural curiosidad con teorías estrambóticas, que no necesitan de evidencia alguna, etc.. A veces me hace pensar que, para esto, mejor nos habíamos quedado en la caverna de la que supuestamente salimos.

Sin embargo, las cosas, que no son rosas, han de ser vistas con perspectiva; histórica, por supuesto. Si damos un pequeño vistazo a la evolución de la Historia del Pensamiento, podremos comprobar como, a fuerza de hechos, el racionalismo ha conseguido ponerse a la cabeza en las estructuras mentales humanas. No digo con esto que las creencias irracionales estén en vias de extinción o que haya que desestimar su peligrosidad, sino que, con el tiempo, se ha conseguido que funcionen a la defensiva, que sean ellas quienes deban justificarse e incluso valerse de parte de la razón para justificar su existencia. Así, podemos ver como se intenta hacer espacio a la fe dentro de la razón, como forma de pervivencia de las mayores religiones; o como ciertas pamplinas buscan cobijo en los tecnicismos científicos para intentar ser más competitivas.

Pero no siempre fue así. Hubo un tiempo en el que era la razón quien debía justificarse, la que trataba de hacerse un hueco entre el pensamiento mágico. Como ejemplo de esta lucha voy a extenderme un poco sobre la figura de Averroes.

Como introducción baste señalar que Al Andalus no era un foco de terrorismo yihadista como algunos pretenden hacernos creer pero tampoco era un espacio de tolerancia abierto a todo tipo de pensamiento. La llamada invasión musulmana, excepto por algunas batallas y escaramuzas, se hizo en su totalidad a golpe de monedero. El hecho de que solo se tardase 20 años en tomar la península y penetrar en Francia, y que la islamización fuese también muy rápida es indicativo de que fueron relativamente bien aceptados. Pero, dentro del mundo musulmán, Al Andalus siempre apareció como un foco tradicionalista y ortodoxo, mientras que en oriente florecía la herejía. Siempre he sospechado que eso debe ser algo que viene con la tierra. Mientras en el este la filosofía siempre gozó de gran renombre, en la península tardó en aparecer. Pero, eso sí, lo hará de forma espectacular de mano de Averroes y Aristóteles. Averroes será el mejor comentador del gran filósofo, dedicándole tres obras integras en las que resume, expone y comenta la doctrina del griego.

Evidentemente Aristóteles y la filosofía en general tenían un componente altamente peligroso para la ortodoxia, por lo que Averroes se verá desde el principio obligado a justificarse ante la autoridad. Porque: ¿Quién necesita pensar o aplicar la lógica para llegar a cualquier conclusión, cuando ya tenemos la verdad revelada en el Corán (léase, por igual, Biblia, Pentateuco, Bhagavad-Gita, etc.)? Frente a esto, Averroes está convencido de la necesidad del pensamiento lógico y no solo eso, sino que pronto separa a Aristóteles de Platón, eliminando toda interpretación idealista y mística, que siempre ha casado mejor en la concepción canónica religiosa. Era un tipo peligroso que atacaba a la cultura imperante. Contra él no quedaba más que destruir la filosofía misma, a lo que se pone el pensador ortodoxo Al Gazzali publicando una obra que tendría el muy sugestivo título de “La destrucción de los filósofos” sosteniendo el argumento de la inutilidad de la filosofía frente a la verdad revelada. Averroes responde, obviando la defensa de los filósofos y centrándose en la de la propia filosofía, con tres obras: “La destrucción de la destrucción de los filósofos”,”La doctrina decisiva: fundamento de la concordia entre la razón y la revelación” y “Exposición de los caminos que conducen a la demostración de los artículos de la fe”. En ellos condesará el conflicto entre fe y razón que se daba por igual en los mundos musulmán, judío y cristiano.

Averroes sostiene que la razón es un sustento esencial de la fe. Si lo escrito en el Corán es cierto, observando y conociendo el mundo, obra de dios, le conoceremos a él y llegaremos a la misma conclusión que el Libro. La verdad nunca puede contradecir a la verdad. Para ejercer bien la filosofía y llegar a dios por esta otra vía es necesario manejar la sabiduría de los antiguos, y conocer la doctrina de Aristóteles. Además, argumenta, el propio Corán anima al conocimiento racional. Más tarde articulará estas ideas de una forma más elitista, cosa que siempre ha gustado a los filósofos y a las jerarquías religiosas. Dirá que existen tres formas básicas de acceder a la verdad: La demostrativa, equivalente a la filosófica, ofreciendo un pleno acceso a la verdad y fundada en las certezas; la dialéctica, propia de los teólogos, mas débil que la demostrativa y que se basa en argumentos probables; y la persuasiva, un acceso a la verdad sin justificación alguna y mascadito, para el vulgo. En “Exposición de los caminos que conducen a la demostración de los artículos de la fe” llegará a decir que el camino dialéctico es imperfecto, ya que sus argumentos nunca podrán ser lógicos ni racionales, calificándolos de sofísticos, con las connotaciones negativas que el termino conlleva. Estamos viendo como la razón pasa de defenderse a atacar.

Creo que hasta ahora lo conseguido es mucho, aunque hayan hecho falta más de veintitrés siglos. En el siglo XII filósofos como Averroes o Maimónides necesitaban defender la razón frente a la ortodoxia y buscar una forma de equipararla a la fe. Ahora es la fe quien los usa para intentar compaginar ambos caminos. Y es que Averroes se equivocó ya que fe y razón no conducían al mismo sitio, pero acertó dando por mas válida y efectiva su vía demostrativa. Ante la fuerza argumentativa de la razón, muchos de los preceptos religiosos han tenido que ser desechados significando un gran golpe para el conjunto de creencias. Sin embargo, no es una victoria total y aún hoy en ciertas partes del mundo quienes crean su realidad a partir de la revelación parecen tomar fuerza. La agonía entre fe y razón aún no ha llegado a su fin, y las tornas podrían volverse...otra vez.