12.2.05

Lo paranormal, la ciencia y el favor escéptico.

Dentro del mundo paranormal a veces florecen ciertas cuestiones sobre la conveniencia de ser considerado como una ciencia, como algo paralelo a la ciencia o como algo que no tiene nada que ver. Nótese que no digo polémicas ni nada por el estilo; las discusiones dialécticas normales a cualquier otro conocimiento no existen en las paraciencias; cada uno dice lo que bien le parezca y si entra en conflicto con lo que dice otro: punto para ambos y que decida el lector. Lo que nos lleva al tema de que dentro de las paraciencias no hay hechos aceptados sobre los que basarse para avanzar en el conocimiento, lo cual hace muy dudable su utilidad. Pero volvamos, a lo que decíamos que de tanto tiempo sin escribir estoy algo verborreico.

Son recurrentes las llamadas (por lo general con carácter de discurso interno, para jalear a la audiencia) a que la parapsicología alcance el estátus de ciencia de pleno derecho, que sea enseñada y desarrollada en universidades de prestigio y que sus propuestas sean aceptadas como lo son las de las demás disciplinas del conocimiento. Muchos parapsicólogos refugian su diletantismo en la falta de un marco académico reglado que los ampare y se aprovechan eso para rechazar los argumentos científicos como ellos creen que los científicos rechazan los suyos. Sin embargo, este discurso cambia radicalmente cuando reciben criticas “pesadas”. En ese momento y por lo general tratan de ampararse en el necesario respeto a sus creencias, que tienen tanto derecho a mantener como cualquier otro. Al parecer el querer tratar lo paranormal como ciencia o como creencia según soplen los vientos no les parece en nada paradójico. Pero nada lo es cuando se quiere mantener la integridad del ego o de la bolsa.

El caso es que aquí entra el gran favor escéptico, que parece que ambos no alcanzan a reconocer. Los englobados en esa categoría (cuya denominación no me parece del todo acertada) son los únicos que conceden, de forma tácita, una de las primeras aspiraciones de todas las paraciencias: desde un primer momento se acercan a ellas y las critican como si de cualquier otra rama del saber se tratase. Son ellos quienes buscan y exigen un método válido para los descubrimientos paracientíficos; quienes aplican los estándares de verificación de cualquier otra ciencia a las paraciencias; buscando la igualdad entre ellas; son los que tratan de desarrollar las consecuencias lógicas que la realidad de un fenómeno paranormal podría tener; son los que se molestan en pedir fuentes, igual que se le piden a cualquier estudio histórico, por limitado que sea. Los únicos que tratan lo paranormal como ciencia de hecho son los escépticos

Claro está, lo hacen de forma interesada. Saben que la gran mayoría de las afirmaciones paracientíficas no aguantan un asalto contra este método y que la victoria por K.O. está casi asegurada. Ese es el momento de refugiarse en lo paranormal como creencia y esperar a que amaine el temporal.

Un pequeño ejemplo:

Nadie dentro del mundo paranormal se ha molestado lo más mínimo en desarrollar las posibles implicaciones que la aceptación de la foto de un fantasma o una psicofonía significan para nuestro mundo inmediato. Se quedan en la aseveración de que este es un mundo misterioso (¡ah!, ¡oh! la audiencia queda pasmada). Pero misterioso o no, lo que sí es cierto es que es un mundo en el que los hechos, por triviales que parezcan, tienen un gran impacto. Si aceptamos acríticamente que en esa foto hay un fantasma o que esas voces misteriosas que grabamos son de difuntos estamos aceptando un buen montón de cosas no probadas. Aceptamos que existe, si no la inmortalidad humana, sí la supervivencia a la muerte en otro estado. Aceptamos que ese estado es físico (las manidas “energías” comodín) ya que pueden interactuar con nuestra realidad impresionando papel fotográfico o modificando las pautas magnéticas de una cinta con emisiones no captables de ninguna otra forma. Esto implica que gran parte del conocimiento físico está basado en presupuestos erróneos (la misma definición de energia, por ejemplo) o como mínimo incompletos y que ese conocimiento físico, que por ahora funciona tan bien (tanto como para mandar una sonda de reconocimiento a un satélite en Júpiter, por citar alguno de sus últimos logros más sonados y fascinantes) debe ser revisado en su raíz. Implica también que la consciencia humana va más allá de lo biológico y que no responde a los condicionantes orgánicos; que el cuerpo no es más que parte no necesaria del ser humano, por lo que gran parte de la ciencia médica está equivocada y que campos como la neurología o la psiquiatría están erradas al dar causas orgánicas a los problemas de la mente. Implica que numerosos aspectos morales a la hora de afrontar la muerte a nivel personal y social han de ser revisados, lo cual podría tener un gran impacto en nuestra sociedad (¿los derechos humanos son aplicables a los humanos “no somáticos”? Reconozco que parece una gilipollez, pero si se prueba la existencia humana en el más allá sería un pregunta legítima)

Todo esto aparece simplemente aceptado como cierta una foto de un fantasma o una psicofonía. Viendo todo lo que habría que cambiar al aceptar eso, bien vale la pena no ir con prisas y tratar de probar la veracidad de la foto o de la grabación, punto por punto. Antes de desechar gran parte del conocimiento humano, pidamos algo de rigor.

A mí modo de ver, que los supuestos profesionales o los aficionados no se planteen seriamente estas implicaciones no denota nada más que el gusto por lo paranormal no va mas allá del que otros ganamos al leer una buena novela de terror. Es decir, se trata de un mero divertimento, que, al no poder competir con verdaderas creaciones geniales de la ficción, se envuelve de un manto apolillado de realidad para intentar impresionar más. Es un recurso literario bien conocido, y válido hasta cierto punto (ese Cide Hamete Benengeli cervantino me viene a la mente), que intenta dar un sentido metaficcional a la obra sin llegar a entrar en el campo de la realidad.

Por lo común esta labor escéptica de situar a las paraciencias precisamente donde ellos quieren que se las sitúe no es bien acogida. La única explicación lógica que le encuentro es que desean la cátedra, suponiendo que la ciencia se basa solo en potestas, y no en auctoritas. Lo que no quieren, o no terminan de comprender, es que las ciencias se basan precisamente en la crítica, en el contraste y en tirar por tierra teorías sin pasión ni compasión. La mayoría de las veces esa crítica ya la ha ejercido el mismo autor o el debate académico no permea su ámbito, por lo que su aceptación suele aparecer como mero trámite, pero otras muchas veces, el avance se acepta o se desecha tras una feroz crítica. Y esto es precisamente lo que no están dispuestos a asumir. La crítica hacia ellos o incluso entre ellos es anatema. El camino hacia la homologación de las paraciencias como rama del saber se lo cierran ellos mismos, a pesar de sus diatribas.