3.3.05

De cómo la ley española cubre a los viejos torturadores diciendo defender a las víctimas.

El título puede sonar un tanto estridente, y lo es; por la única razón de que estoy cabreado. Y estridente o no, eso mismo es lo que consiguen con la maravillosa legislación de patrimonio histórico que tenemos en este país.

Como estoy de mala leche y a mi juicio el asunto lo merece, lo comentaré en clave personal, que así me descargo.

Todo empezó el miércoles pasado, 23 de febrero si la memoria no me engaña. Amanecí bien pronto para hacer una visita al Centro de Documentación del Ministerio de Defensa para consultar unos documentos que no vienen al caso. Me sorprendió el dia nevado como nunca lo había visto aquí. Tras el usual viaje en transporte público, muy recomendable a menos que quieras ordenar papeles o tomar notas para aclarar qué diablos estás haciendo, llegué al Ministerio e inicié los tramites para acceder a él. Son tiempos turbios, así que un militar especialmente quisquilloso me hizo casi desnudarme enfrente del arco voltaico y me pidió que le entregase la cámara digital (repleta de fotos de Madrid nevado) para guardarla en la caja fuerte. Llegué al centro de documentación para descubrir que estaba lleno de obreros con escaleras y martillos. En efecto: cerrado por obras, vuelva usted dentro de una semana que para entonces quizás, y solo quizás, estará abierto (lo cual ha sido cierto) "En fin, se ve que lo militar no quita lo español" pensaba mientras dirigía mi mejor sonrisa del tipo "pero mira que eres perra" a la recepcionista que no se le ocurrió avisarme antes de todo el trámite de entrada. (Disclaimer: Que conste que en el Ministerio de Defensa, obviando las obras y los ritos de paso, suelen tratar excelentemente al visitante, hasta el punto de que el personal se preocupa por ayudarte lo máximo posible, tanto en documentación como en la librería (que también, dicho sea de paso, tiene ediciones muy buenas y baratas de libros de historia militar y estrategia que o no se encuentran o cuestan un ojo de la cara)

Así que ahí estaba yo, sin nada que hacer. El día llamaba al paseo: Madrid blanco por la nieve, el frío calmo de un día sin viento, señoras resbalando en los pasos de cebra, yuppies tirándose bolas de nieve y diciéndose estupideces y de fondo el olor acre del cadaver carbonizado del edificio Windsor, al cual, como todo buen madrileño con cámara, saqué un par de fotos. Mientras caminaba hacia Nuevos Ministerios se me ocurrió que podía aprovechar la mañana acercándome al Archivo Histórico Nacional (AHN) para echar un ojo e intentar ver de qué iban unos "Boletines Informativos de la Brigada Politico Social" de los que había leído últimamente y que me podían servir para iniciar el trabajo principal de la carrera. He de informar de que mi concepción de las magnitudes siempre ha sido un tanto peculiar y el alegre paseo invernal se convirtió en una expedición ártica, caminando bajo la nieve cual esforzado émulo de Amundsen.

Cuando llegué al AHN me esperaba la parte difícil de la odisea. Que si necesita un pase de investigador, que si para ello necesita una certificación de estar realizando una investigación, que si rellene estos papeles para hacerle un pase provisional, que si debe especificar el nombre y objeto de su investigación,que si antes de entrar a la sala debe dejar todo lo que lleve en consigna y entrar solo con un lápiz y folios sueltos. Todo esto por una triste idea que había tenido que me había hecho llegar allí de rebote. Una vez sentado en la sala de investigación con mi lápiz y mis hojas arrancadas del cuaderno me acerco a la señorita y le pregunto por lo que busco. "Huy, eso creo que está restringido, espere un momento". Espero. Viene otro señor :"Esos fondos están restringidos, espere que contacto con la jefa de Fondo Contemporáneo para que la consulte". Espero. Vuelve: "Ahora mismo no parece estar, espere un poco más". Espero. Vuelve: "Suba a su despacho a hablar con ella" Subo. "¿Exactamente que es lo que quiere?". Pienso: "¡Y yo que diablos sé!, sólo quería ojearlos para ver que contienen y para ver si me sirven. Miente, roba, mata". Digo:"pues buscaba unos documentos para una investigación que estoy realizando que bla, bla, bla...". Me permite ver los fondos hasta 1964 y yo de momento cojo un legajo para hojearlo un poco y saber que contiene. Media hora más esperando que me lo trajesen. En total 1 hora y media esperando mientras miraba con envidia cómo mis compañeros de mesa pedían y consultaban codices de 400 años de antigüedad, correspondencias de Indias y documentos militares de la Guerra de Independencia. Si ya lo sabia yo, debí haber cogido historia moderna como especialidad. Por fin llega, un legajo con unas 700 páginas grapadas en grupos de 10 a 20. Información sobre detenciones, sobre actividades de grupos en el exilio, algún informe de ETA...

Con mi nuevo hallazgo hablo con mi profesor para ver si puedo colar un trabajo sobre policía política y sí, puedo. Debería empezar con estadísticas de detenciones que milagrosamente faltan a partir de 1954. Pero no es solo eso, con ese fondo podré incluso completar un par de trabajos más para las asignaturas. La vida me sonríe y es el maldito año del historiador imberbe. Trabajo duro y gratificante y nada puede salir mal.

Pero todo siempre puede salir mal y si se trata de mí parece que tiene todas las papeletas para hacerlo. Anteayer me percaté de que haciendo una simple resta, operación matemática al alcance de todo historiador, por ley (que ahora comentaremos) no deberían haberme dejado ver esos fondos. O hubo un error (y cuando se intenta poner todas las trabas posibles para que alguien acceda a algo no suelen ocurrir) o por alguna triquiñuela legal, oscura y sin referencia sí puedo verlos.

Esta misma mañana me acerco con mi lápiz y mis folios sueltos y recibo la confirmación: es un error; mira que no haberte dado cuenta; lo sentimos mucho; estas de nuevo sin nada y ahora a explicárselo a tu profesor, que intentará endilgarte algún otro trabajo si no te ha tomado ya por tonto de remate. De todas formas, como sólo quieres las estadísticas puedes hacer una petición para que unos amables funcionarios te purguen los legajos y te dejen sólo las cifras que quieres, pero ya sabes, eso consume tiempo y estamos muy ocupados...

Y Aquí estoy royendo mi cabreo y el triste bocadillo que me había preparado para comer fuera. A empezar de nuevo con un -10 a la moral de campaña pero con la gratificante experiencia de saber de verdad como es un maldito archivo.

Ahora bien, ¿cuál es esa magnifica ley que ha marcado fatídicamente mi existencia durante esta semana? Se trata de la Ley 16/1985, de 25 de junio , del Patrimonio Histórico Español. Escarbamos hasta el Artículo 57 (Título VII, Capítulo I) y nos encontramos lo siguiente:

Artículo 57.

1. La consulta de los documentos constitutivos del patrimonio documental español a que se refiere el artículo 49.2 se atendrá a las siguientes reglas:

a.Con carácter general, tales documentos concluida su tramitación y depositados y registrados en los archivos centrales de las correspondientes entidades de derecho público, conforme a las normas que se establezcan por vía reglamentaria, serán de libre consulta a no ser que afecten a materias clasificadas de acuerdo con la Ley de Secretos Oficiales o no deban ser públicamente conocidos por disposición expresa de la Ley, o que la difusión de su contenido pueda entrañar riesgos para la seguridad y la defensa del Estado o la averiguación de los delitos.

b.No obstante lo dispuesto en el párrafo anterior, cabra solicitar autorización administrativa para tener acceso a los documentos excluidos de consulta pública. Dicha autorización podrá ser concedida, en los casos de documentos secretos o reservados, por la autoridad que hizo la respectiva declaración, y en los demás casos, por el jefe del departamento encargado de su custodia.

c.Los documentos que contengan datos personales de carácter policial, procesal, clínico o de cualquier otra índole que puedan afectar a la seguridad de las personas, a su honor, a la intimidad de su vida privada y familiar y a su propia imagen, no podrán ser públicamente consultados sin que medie consentimiento expreso de los afectados o hasta que haya transcurrido un plazo de veinticinco años desde su muerte, si su fecha es conocida, o, en otro caso, de cincuenta años, a partir de la fecha de los documentos.

2.Reglamentariamente se establecerán las condiciones para la realización de la consulta de los documentos a que se refiere este artículo, así como para la obtención de reproducciones de los mismos.


Que se ve completado por el Artículo 25 del Real Decreto 111/1986, de 10 de enero que dice así:

Artículo 25.

1.No se permitirá la consulta pública de los datos relativos a la situación jurídica, localización y valoración económica de los bienes sin el consentimiento expreso del titular, conforme a lo dispuesto en el artículo 57.1.c) de la Ley 16/1985.

2.En el caso de que falte el consentimiento del titular para informar sobre la localización del bien y si existe una solicitud razonada para su estudio con fines de investigación debidamente acreditados, la Subdirección General de Protección del Patrimonio Histórico lo comunicará al organismo competente para la protección del bien a fin de que acuerde las medidas oportunas para el acceso al mismo, sin desvelar en ningún caso los datos a que hace referencia el apartado anterior.



En román paladino esto viene a decir que para la consulta de cualquier documento que contenga datos jurídicos, económicos o policiales de alguna persona se requiere la autorización expresa del titular o 50 años desde que el documento fue expedido o bien esperar 25 años después de que el pobre diablo muera. Parece hasta lógico para aquel que quiera saber qué tipo de lencería utilizaba el abuelo del vecino cuando la policía le pilló violando gallinas. Pero lo que sucede, por ejemplo, en mi caso o en el de toda persona que quiera estudiar las formas de represión o de control político es que debe pedir permiso a todas y cada una de las personas que son mentadas en las 750 páginas de cada legajo, casi en su totalidad los propios detenidos por la Brigada Político Social. No queda claro cómo se espera que sepas todos esos nombres ni cómo conseguir una forma de contacto. Es decir que para indagar en cómo la policía política abusaba de su posición,detenía bajo cargos poco definidos o falsos, sacaba declaraciones a hostias, mantenía presa a la gente más allá de las 72 horas expresas en el Fuero de los Españoles e incluso llegaba a defenestrar a los detenidos hay que ir año a año, según se vayan liberando. Hoy en día se permite consultar hasta 1954. Para saber cómo funcionaban los campos de concentración, los batallones de trabajos forzados o los tribunales militares especiales que juzgaban por rebelión contra la patria y por traición a aquellos que permanecieron leales al gobierno republicano en los años 40 ha habido que esperar hasta el 2000. El análisis de los procedimiento jurídicos que el Tribunal de Orden Público, tribunal especial para la represión política, llevó a cabo no se podrá empezar hasta 2013 y no se podrá dar un balance total hasta el 2027. O eso o bien se agencia uno por método mágico al uso el nombre de todos los mecionados y uno por uno consulta a los presos, torturados, detenidos, maltratados y esclavizados durante los últimos 50 años para poder contar el porqué ellos se encontraron en esa situación.

Ahora, por favor: ¿A quien defiende esta ley? ¿A las víctimas o a los torturadores?